sábado, 6 de mayo de 2023

Francisco Hernández | Última voluntad

 

Cuando yo muera,
ponte un vestido blanco
y enciende una candela
frente a un ramo de nubes. 
 
Con el vestido blanco,
haz la espuma de un río
que llegue hasta mi infancia.
 
Con el ramo de nubes,
dibuja otra Vía Láctea.
 
Con la luz de la vela,
quema estas palabras

Livio Ramírez | Escrito sobre el amanecer

 

Digo que la poesía
es el único documento personal que poseo.
Carezco de otro medio de identidad.
Digo que eres mi centro enllamarado.
Mi código de fuego.
Mi texto de aullidos.
Explosión queridísima donde escucho la vida
Arma para vivir.

Luis Rogelio Nogueras | Cesare Pavese

 

Suponga que yo estoy escondido de antemano en el closet
y que usted (tantas cosas que tiene en la cabeza) no lo nota.
Se acuesta,
toma las dieciséis píldoras del frasco
hace las últimas llamadas: inútiles
medita sobre las derrotas, la guerra,
Turín (cruda en invierno).
 
Suponga que usted deja
las gafas en la mesita de noche
y que luego escribe algo en su cuaderno
(letra rápida, pequeña).
 
Ahora imagine que yo salgo.
Que impido su suicidio.
Cinco, dos, veinticuatro veces
(como en el cine).
 
Suponga que usted no muere,
suponga que nos damos las manos,
y que comentemos pequeñas historias, aventuras habladas
donde las mujeres aman desesperadamente a los poetas
y no hay estar solos, ni desastres, ni trenes aplastados.
 
Pero no.
Yo estoy en mi cuarto y usted está en el suyo.
Yo no trato de impedir nada
y usted se toma las pastillas.
Yo dejo su libro en la mesita de noche y trato en vano de dormirme.
Y viene la muerte y tiene sus ojos.

Alvaro Pombo

 

Mañana me iré definitivamente
ya empiezo a decir: aquí viví contigo
hace diez años
 
Bed and Breakfast de la memoria
pensaré: había infinitos dédalos subcutáneos
cruzándose en sus manos
 
Escribiré: sin tus manos no puedo concentrarme
la claridad del alba
se encharca en luces de neón del cielo
 
El relente era hermano nuestro
llegaré en tren al mar
tomaré un barco cargado de
 
Avellanas
 
Un barco que venía sin carga de muy lejos
 
Me iré a los Estados Unidos de América
como en una película lloraré
a la salida
 
Y diré como McGovern
It hurts too much to laugh
but I'm too old to cry
 
Lloraré lloraré
sin consideración ninguna y me verán las damas
y los loros haciendo penitencia
 
Una señora me atenderá sin malicia
una amiga
he perdido esta elección
me duele la maleta la chaqueta
la garganta las botas el misterio
 
Qué dejo atrás: tu vida
sin mis ojos

Jorge Correa

 

solo un adicto apuesta
por otro adicto,
solo un humillado
apuesta por otro humillado,
solo alguien que ama
apuesta por alguien que quiere amar,
porque ya no hay más
que se pueda perder
porque hace un tiempo se hundió
todo lo que se tenía que hundir

Isabel Bono | Diario del asco

 Soy un animal muy lento que espera su ración de amanecer con los ojos vendados. Tengo las venas heladas, son culebras de río. No tengo más, no tengo cola que se aferre a ninguna rama. Tengo prisa. Los animales como yo sabemos que hagas lo que hagas el amanecer llegará a su hora, no antes.

Rosario Castellanos / El otro

 

Nunca digas que es tuya la tiniebla,
no te bebas de un sorbo la alegría.
Mira a tu alrededor: hay otro, siempre hay otro.
Lo que él respira es lo que a ti te asfixia,
lo que come es tu hambre.

Francisco Hernández / Cuaderno de Borneo

 A la sombra de un helecho gigante, una mujer sin dientes quita piojos a una niña con los ojos llenos de nubes. Dos niños esperan su turno. Me siento junto a ellos y aguardo las manos de la espulgadora. No tengo piojos, pero no se puede viajar hacia la muerte sin caricias.

A.E Quintero

 

Debería de haber un grupo de apoyo
para los que no nos tenemos a nosotros mismos;
para quienes no contamos sillas
sino vacíos,
para los que nos enamoramos de una puerta
o amamos una ventana.
Un grupo de apoyo para los solteros de cuerpo completo,
para los desquiciados de manos
y pies sin rumbo,
para los sin amigos y sin ropa fija.
Para aquellos a los que la casa
no les cabe en todo el cuerpo.
Un grupo que apoye a los adoptados por un amor fantasma.
A los adeptos del miedo y de una calle a solas.
Porque algunos pocos
sabemos que en el fondo castigado del clóset
está dios con una varita golpeándose los dedos;
y hay un sueño que nunca se dice en alto.
Debería de haber un grupo de apoyo
para quienes no entendemos nada, para los que soñar
es un vicio a oscuras;
para aquellos cuya fantasía les alcanza los muslos
como quien camina por la playa pensando en ahogarse.
Un grupo de apoyo
para los que nunca se suicidan;
para quienes les da igual 20 cigarros o 20 abandonos.
Para los que tenemos tres dioses metidos en el zapato
y les rezamos antes de salir de casa.
Porque quiero suponer
que no soy el último de mi especie;
y que la soledad no es un acto contagioso
ni un niño jugando a morir.
Porque quiero pensar en la vida
como una mujer piensa en la comida que hará mañana
para no repetirse.
En la vida
como en una libreta donde se llevan las cuentas y los gastos,
y una lista de las cosas que deben escribirse para no olvidar a nadie.
Porque quisiera creer
que no soy el único que vive huyendo,
y que la felicidad
es una palabra posible.

Octavio Quintanilla

 

Apagas la brasa de tu beso
mientras te alimentas por mi boca.
Te ruego: Ya no te suicides
en el pensamiento.
Te grito: Ya no quiero la hostia de tu sexo,
la sopa de alfileres que me sirves cada noche.

At Cas

 

Hablaste igual que la muerte.
Con sus muecas rotas y cruzadas en la lengua,
entera, llena y coagulada.
 
Con las manos frías arrullaste tantos niños
que antes abrazaban el asfalto
y lloraste sobre su pecho de juguete.
 
Yo levanté un monumento a tu mirada,
despejé cualquier larvario en medio nuestro,
para verte profunda y clara,
despierta.
 
Ahora quiero que me rompas la pupila,
que llenes de lodo esta garganta
que antes estuvo colgada en tu palabra.
 
Que me parta tu distancia
como a un árbol solo,
en medio del solo bosque
en donde enterramos antes nuestra pena
y nacieron luego girasoles y canarios
que no pudieron volar nunca.
 
Esta verborrea me avergüenza,
siento pena de mis manos
que andan como locos recogiendo telarañas
y animales de artificio.
 
Ahora que empieza a llover,
rómpeme el cuerpo,
abre con tu iris de navaja
mi vientre y el contorno de mi espalda.
 
Deja que la lluvia se acumule
y bebe en mí,
como última voluntad bebe mi cuerpo
y sangra dentro mío hasta la muerte. 
 
Déjame sacar sobre la cama.
Deja que te diga cómo hacerlo.

Julian Herbert

 Un poeta será, opino, no solamente un creador: ante todo, un revelador de formas.

Anna Ajmatova

 

Ya basta de helarme de miedo,
            invocaré la Chaconna de Bach
                     y entrará un hombre tras ella
que no será mi esposo amado,
            pero seremos juntos tan temibles
                    que el siglo veinte se conmoverá de raíz.
 
Le confundí sin querer
        con el misterioso enviado del destino,
                aquel con quien llegarían acerbos sufrimientos.
 
Hasta mi palacio del Fontanka vendrá,
        ya muy tarde, en esta noche de niebla,
                a brindar con el vino de Año Nuevo.
Y guardará en su recuerdo la noche de Reyes,
        el arce en la ventana, los cirios nupciales
                y el vuelo mortal del poema…
 
Pero no es la primera rama de lilas,
        ni el anillo, ni las dulces plegarias,
                sino la muerte, lo que él me trae

John Ashbery

 

Late Echo
 
Alone with our madness and favorite flower
We see that there really is nothing left to write about.
Or rather, it is necessary to write about the same old things
In the same way, repeating the same things over and over
For love to continue and be gradually different.
 
Beehives and ants have to be re-examined eternally
And the color of the day put in
Hundreds of times and varied from summer to winter
For it to get slowed down to the pace of an authentic
Saraband and huddle there, alive and resting.
 
Only then can the chronic inattention
Of our lives drape itself around us, conciliatory
And with one eye on those long tan plush shadows
That speak so deeply into our unprepared knowledge
Of ourselves, the talking engines of our day.

Herta Müller

 La literatura no es lo único poético. La vida también es poética. El mero hecho de escribir literatura no nos convierte en personas especiales. En verdad, en casi todo lo que hacemos dependemos de la mirada de la gente que no escribe literatura. Esas personas son nuestro material y con ese material hacemos algo. No poseemos nada especial, propio. A lo sumo, podemos armar algo a partir de lo que vemos, y según lo bien o mal que lo armemos, tanto mejor o peor será.

Ernst Jünger

 La noche del invierno no nos resulta menos necesaria que la noche del día. También por lo que respecta al corazón tenemos que prestar atención a la marea alta y a la marea baja. Quien sólo quiere tener marea alta se expone a la rotura del dique. No podemos estar siempre exentos de dolores, no podemos estar sin sombra, tenemos que aceptar la melancolía. También allí hay dioses.

Francisco Hernández

 

Guardo en un frasco el perfume de su entrepierna.
(No me puedo quitar un revólver de la cabeza).
 
Guardo en un frasco el revólver de su entrepierna.
(No me puedo quitar su perfume de la cabeza).

J E Eielson

 he aquí mi oficio / pero cuánto me ha costado / he convertido en agua / mi paciencia / en pan / mi soledad

miércoles, 3 de mayo de 2023

Alí Chumacero

 Habito mi probable noche, mi laurel de adversario
sobre la arena trémulo abatido,
y viajo por mi cuerpo
en testimonio de que no existe un espejo
o simple fuente contra mí rebelde,
porque soy mi enemigo sentenciado,
mi propia víctima, la orilla
saciada entre sus límites, en un constante incesto
o presagio de mar que no requiere playa


Pray for drunks / Malcolm Lowry

 God give those drunkards drink who wake at dawn
Gibbering on Beelzebub’s bosom, all outworn
As once more through the windows they espy
Looming, the dreadful Pontefract of day.


Carta de Cesare Pavese a Constance Dowlnig antes de su suicidio

 

Turín, 17 de abril de 1950
 
No tengo más aliento para escribir poesía. Las poesías llegaron contigo y se fueron contigo. He escrito esta hace algunas tardes, durante largas horas mientras esperaba, vacilante, poder llamarte. Perdóname la tristeza, pero también contigo estaba triste. Observa que he comenzado con una poesía en inglés y la termino con otra cosa. En eso cabe toda la apertura que he experimentado en estos meses: el horror y la maravilla. Queridísima, no tomes a mal que siempre esté hablando de sentimientos que tú no puedes compartir. Por lo menos puedes comprenderlo. Quiero que sepas que te agradezco con toda el alma. Los pocos días de maravilla que he arrancado de tu vida eran casi demasiado para mí; bueno, ya pasaron, ahora comienza el horror, el horror desnudo y estoy preparado para afrontarlo. La puerta de la prisión ha vuelto a cerrarse con estrépito. Queridísima, no volverás nunca a mí, inclusive si regresas a Italia. Ambos tenemos determinadas cosas que hacer en la vida que tornan improbable que podamos encontrarnos de nuevo, excepto si nos casáramos, cosa que he anhelado desesperadamente. Pero la felicidad es algo que se llama Joe, Harry o Johnny; no Cesare. ¿Me creerás si te digo -ahora que no puedes tener sospechas de que estoy recitando para coaccionarte de alguna manera- que esta noche he llorado como una criatura pensando en mi suerte -y en la tuya- pobre mujer, fuerte, hábil, desesperada en la lucha por la vida? Si he dicho o hecho alguna vez cosas que no podías aprobarme, perdóname. Yo te perdono todo este dolor que me carcome el corazón, sí, te aseguro, le doy la bienvenida. Este dolor eres tú, la verdadera maravilla y el verdadero horror de ti. Rostro de primavera, adiós. Te deseo éxito en tus días y un matrimonio feliz, sí. Rostro de primavera, he amado todo de ti, no solo tu belleza, lo cual sería demasiado fácil, sino tu fealdad, tus momentos desagradables, tu tache noir, tu rostro hermético. No te olvides de eso.
Cesare
¿Puedo decirte, amor, que nunca me he despertado con una mujer a mi lado, que cuando amé nunca me tomaron en serio, y que ignoro la mirada de reconocimiento que una mujer dirige a un hombre? ¿Y recordarte que, por culpa del trabajo que he hecho, siempre he tenido los nervios en tensión y la fantasía dispuesta y precisa, y el gusto por las confidencias ajenas? ¿Y que estoy en el mundo hace cuarenta y dos años? No se puede quemar la vela por los dos cabos –en mi caso la he quemado toda por un solo lado y las cenizas son los libros que he escrito.

 

No tires las cartas de amor
Ellas no te abandonarán.
El tiempo pasará, se borrará el deseo
-esta flecha de sombra-
y los sensuales rostros, bellos e inteligentes,
se ocultarán en ti, al fondo de un espejo.
Caerán los años. Te cansarán los libros.
Descenderás aún más
e, incluso, perderás la poesía.
El ruido de ciudad en los cristales
acabará por ser tu única música,
y las cartas de amor que habrás guardado
serán tu última literatura.
 
Joan Margarit

 

¿Con qué fe
las estrellas
pueden resplandecer?
¿Los árboles desnudos
brindar sombra?
 
¿Con qué fe
nuestros ecos
resonar
en callejones cuando ya nos hemos ido
a casa
y cerrado la puerta, y exigido
que quienes presten testimonio de nosotros
hablen por nuestra época?
 
¿Con qué fe
nos podemos
depositar en el lenguaje
en la conversación
como si no estuviéramos
solos, como si otros,
diarios,
televisión,
horarios de aerolíneas,
tomasen con nosotros el café?
 
La tierra también muere
como las rutas del desierto
las casas solitarias
en campiñas remotas
enigmáticas luces de ciudades
en la noche cerrada.
La tierra también muere
así como los títulos de la universidad
las bebidas que a diario consumimos
y la débil penumbra de la tarde.
 
La angustia no está sólo
en los nervios
también en esta suave, lisa calma
que se junta sobre los escritorios
los muebles
las cucharas de café
y la callada cuna del pequeño
en un rincón del cuarto.
 
¿Por qué súbitamente nos quedamos
sin estaciones
sin cielos
sin madres?
 
Todo merma
y se cae
por la ventana
por el papel
los bordes de las conversaciones
Todo nos deja
que volvamos solos
pasando por la puerta de un museo
un shopping center
un puerto clausurado
por veredas desiertas
y pasto marchitándose
al final del verano.
 
La tierra también muere
y no puede tomarnos
como mártires
o profetas
a nosotros, borrados
sin ninguna señal que nos identifique
y marque nuestra ausencia,
y que estamos tendidos
igual que una ternura intraducible,
nosotros, peregrinos
como noches perdidas
sobre desiertos sobrenaturales. 
 
Muhammad Al-As’ad

Francisco Hernández | Última voluntad

  Cuando yo muera, ponte un vestido blanco y enciende una candela frente a un ramo de nubes.    Con el vestido blanco, haz la espuma de un r...