sábado, 6 de mayo de 2023

Francisco Hernández / Cuaderno de Borneo

 A la sombra de un helecho gigante, una mujer sin dientes quita piojos a una niña con los ojos llenos de nubes. Dos niños esperan su turno. Me siento junto a ellos y aguardo las manos de la espulgadora. No tengo piojos, pero no se puede viajar hacia la muerte sin caricias.

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