A la sombra de un helecho gigante, una mujer sin dientes quita piojos a una niña con los ojos llenos de nubes. Dos niños esperan su turno. Me siento junto a ellos y aguardo las manos de la espulgadora. No tengo piojos, pero no se puede viajar hacia la muerte sin caricias.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
Francisco Hernández | Última voluntad
Cuando yo muera, ponte un vestido blanco y enciende una candela frente a un ramo de nubes. Con el vestido blanco, haz la espuma de un r...
-
en memoria del viejo Emeterio, mi padre I desde el manglar me preguntaron las iguanas por ti los bagres del estero también me pre...
-
No puedo estar equivocado. En el último rincón de tu ojo izquierdo vi un incendio. Ardía un bosque, o quizás una ciudad, o, seamos cul...
-
Unos van por un sendero recto, Otros caminan en círculo, Añoran el regreso a la casa paterna Y esperan a la amiga de otros tiempos. Mi c...
No hay comentarios:
Publicar un comentario