sábado, 6 de mayo de 2023

A.E Quintero

 

Debería de haber un grupo de apoyo
para los que no nos tenemos a nosotros mismos;
para quienes no contamos sillas
sino vacíos,
para los que nos enamoramos de una puerta
o amamos una ventana.
Un grupo de apoyo para los solteros de cuerpo completo,
para los desquiciados de manos
y pies sin rumbo,
para los sin amigos y sin ropa fija.
Para aquellos a los que la casa
no les cabe en todo el cuerpo.
Un grupo que apoye a los adoptados por un amor fantasma.
A los adeptos del miedo y de una calle a solas.
Porque algunos pocos
sabemos que en el fondo castigado del clóset
está dios con una varita golpeándose los dedos;
y hay un sueño que nunca se dice en alto.
Debería de haber un grupo de apoyo
para quienes no entendemos nada, para los que soñar
es un vicio a oscuras;
para aquellos cuya fantasía les alcanza los muslos
como quien camina por la playa pensando en ahogarse.
Un grupo de apoyo
para los que nunca se suicidan;
para quienes les da igual 20 cigarros o 20 abandonos.
Para los que tenemos tres dioses metidos en el zapato
y les rezamos antes de salir de casa.
Porque quiero suponer
que no soy el último de mi especie;
y que la soledad no es un acto contagioso
ni un niño jugando a morir.
Porque quiero pensar en la vida
como una mujer piensa en la comida que hará mañana
para no repetirse.
En la vida
como en una libreta donde se llevan las cuentas y los gastos,
y una lista de las cosas que deben escribirse para no olvidar a nadie.
Porque quisiera creer
que no soy el único que vive huyendo,
y que la felicidad
es una palabra posible.

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