Ya basta de helarme de miedo,
invocaré la Chaconna de Bach
y entrará un hombre tras ella
que no será mi esposo amado,
pero seremos juntos tan temibles
que el siglo veinte se conmoverá de raíz.
Le confundí sin querer
con el misterioso enviado del destino,
aquel con quien llegarían acerbos sufrimientos.
Hasta mi palacio del Fontanka vendrá,
ya muy tarde, en esta noche de niebla,
a brindar con el vino de Año Nuevo.
Y guardará en su recuerdo la noche de Reyes,
el arce en la ventana, los cirios nupciales
y el vuelo mortal del poema…
Pero no es la primera rama de lilas,
ni el anillo, ni las dulces plegarias,
sino la muerte, lo que él me trae
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