V
Todo lo que se gesta en las entrañas
de ese monstruo me agita y convulsiona,
convierte mi entereza en gelatina,
ayuda con la mano a mi firmeza
a ascender al vagón de su suicidio,
hace que tenga náuseas y vomite
los amargos jirones de mi mente.
Desde niño a ese mundo,
a ese espacio invisible que se aleja
de mi campo visual,
a esa oscura presencia que lo mismo
me puede improvisar algún zarpazo
y prenderme en el cuello una bufanda
de alaridos o puede
lamerme alguna herida
y zurcirla, piadoso, con la costra,
lo veo, lo designo como el monstruo,
lo acorralo en un nombre. Desde niño.
allá desde el kilómetro en que empiezan
las provincias sin luz del infinito,
finca su madriguera, la guarida
donde cada cachorro
cohabita con su propia mariposa
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